viernes, 5 de octubre de 2007

Ruta de la Anchoa. Santoña nunca estuvo tan lejos.

El día 23 de Septiembre se celebraba en Santoña la segunda edición de la Ruta de la Anchoa. Yo había corrido ya la primera edición el año pasado con resultado catastrófico ya que llegué muy descolgado a más de media hora del pelotón debido a una pájara.



Este año había convencido a mi hermano para que se comprase una bicicleta de carretera y viniese conmigo a correr. Él me decía que corría con la condición de que le fuese esperando en las subidas y tirase de él en los tramos llanos.


La mañana del día 23, contra todo pronóstico, salió buena y lucía el sol. Lo que iba a ser un placentero día sobre la bicicleta, ayudando a mi hermano a completar la prueba, pronto se transformó en una angustia de asfalto muy inclinado. Un mal presagio recorrió mi mente cuando en el Alto de Treto mi corazón se puso a 185 pulsaciones. Mmmm... Normalemente no tendría que haber pasado de 135 pulsaciones a la velocidad que se subía en el pelotón.

Ya en el Alto de Campolayal, subiendo por La Aparecida, empezó mi calvario, quedaban 60km. y ya me estaba quedando. Pero lo mejor es que mi hermano (sí, al que iba a ir esperando todo el camino) era el que me estaba esperando. Abochornante. Iba muy mal, no podía ni dar pedales, me mareaba, buff.

En el segundo puerto del día, el Alto de Fuente las Varas volví a pasarlo mal. Algo mejor que en Campolayal pero muy mal y nuévamente mi hermano me tuvo que ir esperando. Me decía "Nos retiramos si no puedes más ¿eh?" y yo "¿Retirarnos? Hay que acabar como sea". Pobre de mí. Además arriba estaban Paloma (mi novia) y Cristina (la novia de mi hermano) sacando fotos. ¡Qué vergüenza! Vaya espectáculo deplorable que estaba dando. Y es que no iba ni cuesta abajo... Me animaron al pasar por delante de ellas. Creo que les devolví una mirada, no sabía si hasta pedirlas perdón por lo que estaba haciendo. Pero que mal iba...


Mi hermano coronando el puerto de Fuente las Varas. Ni rastro de Fernando.


Un buen rato después...


¡Qué estilo! Sí señor. Había que maquillar la traca que estaba quemando.

Al final acabé descolgado desde Hoz de Anero y tuve que rodar solo hasta Santoña. Me pareció que Santoña estaba lejísimos de todo. Mi hermano entró prácticamente con los de cabeza y yo... Bueno, digamos que yo entré cuando todavía había gente en la meta y no como el año pasado que llegué cuando estaban deshinchando la meta hinchable.

Mi cara era un poema en la llegada. Dolor de piernas, mareo, cansancio. Fredo y Tamara habían venido a vernos llegar. Por poco no me ven llegar...

Fotografía de un hombre acabado.


Muy bien por mi hermano, que volvía a coger la bicicleta tras más de diez años de parón y va y llega alante. Quien tuvo retuvo...



Lo que es reír por no llorar.


Si dije tras la Marcha Cicloturista de Medina de Pomar que ganar era importante, tras esta abochornante actuación digo que lo importante es terminar vivo... Si el año que viene vuelvo a la Ruta de la Anchoa, para cronometrar lo que tarde en completar la prueba no llevaré un cronómetro, llevaré un calendario...

jueves, 4 de octubre de 2007

Marcha Cicloturista de Medina de Pomar. "Hoy gano seguro".

El fin de semana del 7,8 y 9 de Septiembre me dirigí al Norte de la provincia de Burgos a completar una serie de entrenamientos largos y a disputar la Marcha Cicloturista de Medina de Pomar. En el curro bromeaban acerca de la minutada que me iba a caer en el tramo libre ya que no estaba muy entrenado, etc. Pero yo con toda la chulería fui y les dije que iba a ganar seguro jejeje. Por confianza en uno mismo que no quede...

El viernes 7, nada más llegar, me puse manos a la obra y completé un primer buen entrenamiento de 60 kilómetros con series en subida por los parajes de la Junta de Traslaloma. Acabé bastante bien. Al día siguiente, el sábado, hice 92 kilómetros todavía más duros que los del día anterior encontrándome fino en las subidas, aunque al final pesaron los kilómetros y llegué a casa un poco vacío. Me preocupaba el pensar que quizás no me recuperaría del esfuerzo realizado antes de la prueba del domingo, así que me dediqué el resto del día a hidratarme a base de agua y más agua, alimentarme de pasta y arroz y estar en posición horizontal para que las piernas descansasen.

El domingo era el día D. La hora H eran las 9:30 de la mañana. Hacía mucho frío, 3ºC en la salida pero el día, al menos, estaba despejado. No había corrido ninguna prueba en toda la temporada así que acudía a esta cita con varias incógnitas en mi cabeza pero con mucha confianza por los buenos entrenamientos realizados en los días previos. El pelotón que tomó la salida estaba formado por unos 35 valientes que vencían al sueño y al frío.

En los primeros kilómetros me dediqué a rodar bien arropado por el pelotón. Eran 70 kilómetros los que había que completar así que en estos primeros compases no hay que forzar.

Rodando destacado tras haber completado unos 35 kilómetros de la prueba.


En el tramo libre del día, situado en el Alto de Criales se rompieron las hostilidades. Me puse a rodar a rueda del corredor que tiraba del grupo, él iba muy fuerte y me costaba seguirle, él subía con plato grande metido. Una vez cogido su ritmo miré hacia atrás y ya habíamos abierto un buen hueco con respecto al grupo perseguidor de unos 5 ó 6 integrantes.

La diferencia que sacábamos iba en aumento, ya sería en torno a los 20 segundos, ambos sabíamos que íbamos a llegar al Alto de Criales antes que el resto, íbamos cogiendo confianza en que la escapada podía ser fructífera.

En dos ocasiones estuve a punto de quedarme descolgado, me llevaba a tope, de hecho, una vez me llegó a sacar unos 10 metros que a mí me parecieron una inmensidad. Me recuperé y le volvía a coger la rueda justo a la altura a la que estaba mi padre, animando en la cuneta, en una de las rampas más duras de la subida, eufórico por verme escapado.

En la parte final las piernas ya no me repsondían pero en mi cabeza solo sonaban las palabras "Hoy gano seguro" y no podía desfallecer, no, tenía que morir encima de la bicicleta y ganar a aquel tío que no paraba de pedalear con el plato grande en busca del último sprint. Además, casi nunca se tiene la oportunidad de poder disputar un triunfo ya que si te quedas al principio de la subida o a la mitad ya pierdes toda opción, hay que llegar bien al tramo final y yo más mal que bien había llegado a la recta final de la subida escapado.

Él lanzó el sprint cuando me oyó meter el plato grande. Él ya lo llevaba metido y ahí me ganó 5 metros que pensé que iban a ser decisivos pero pensé "Si yo voy mal él también ha de ir un poco mal porque es humano" así que saqué mi punta de velocidad y me marqué uno de mis mejores sprints en subida de mi vida, acabando el puerto de montaña a 53km/h y ganando la carrera. Mi compañero de fuga llegó el segundo en el mismo tiempo que yo y luego llegó el grupo perseguidor de 5 integrantes a más de 40 segundos.

Siempre quedó patente, durante toda la subida, que el más fuerte era él y que yo estaba como dos puntitos por debajo, pero en esto del ciclismo, hay que ser fuerte y saber ver la carrera. Si tiras y tiras, por muy bien que vayas puedes pagarlo y yo, aunque iba mal, era mejor sprinter que él o al menos ese día lo fui. Había ganado e iba a quedar como el más gallo delante de los del curro, jejeje.

Al final, camino de Medina de Pomar llegué como pude con calambres y tirones en las piernas, ese fin de semana había forzado demasiado pero ahora tocaba recuperar y saborear las mieles del triunfo. No es el Tour de Francia pero como dice mi buen amigo Luis Ángel Maté: "Ganar es bueno, hay que saborearlo sea lo que sea en lo que se gane ya que hay gente que nunca gana nada, ni jugando a las cartas." Un sabio...