El día 23 de Septiembre se celebraba en Santoña la segunda edición de la Ruta de la Anchoa. Yo había corrido ya la primera edición el año pasado con resultado catastrófico ya que llegué muy descolgado a más de media hora del pelotón debido a una pájara.
Este año había convencido a mi hermano para que se comprase una bicicleta de carretera y viniese conmigo a correr. Él me decía que corría con la condición de que le fuese esperando en las subidas y tirase de él en los tramos llanos.
La mañana del día 23, contra todo pronóstico, salió buena y lucía el sol. Lo que iba a ser un placentero día sobre la bicicleta, ayudando a mi hermano a completar la prueba, pronto se transformó en una angustia de asfalto muy inclinado. Un mal presagio recorrió mi mente cuando en el Alto de Treto mi corazón se puso a 185 pulsaciones. Mmmm... Normalemente no tendría que haber pasado de 135 pulsaciones a la velocidad que se subía en el pelotón.
Ya en el Alto de Campolayal, subiendo por La Aparecida, empezó mi calvario, quedaban 60km. y ya me estaba quedando. Pero lo mejor es que mi hermano (sí, al que iba a ir esperando todo el camino) era el que me estaba esperando. Abochornante. Iba muy mal, no podía ni dar pedales, me mareaba, buff.
En el segundo puerto del día, el Alto de Fuente las Varas volví a pasarlo mal. Algo mejor que en Campolayal pero muy mal y nuévamente mi hermano me tuvo que ir esperando. Me decía "Nos retiramos si no puedes más ¿eh?" y yo "¿Retirarnos? Hay que acabar como sea". Pobre de mí. Además arriba estaban Paloma (mi novia) y Cristina (la novia de mi hermano) sacando fotos. ¡Qué vergüenza! Vaya espectáculo deplorable que estaba dando. Y es que no iba ni cuesta abajo... Me animaron al pasar por delante de ellas. Creo que les devolví una mirada, no sabía si hasta pedirlas perdón por lo que estaba haciendo. Pero que mal iba...

Mi hermano coronando el puerto de Fuente las Varas. Ni rastro de Fernando.
Un buen rato después...

¡Qué estilo! Sí señor. Había que maquillar la traca que estaba quemando.
Al final acabé descolgado desde Hoz de Anero y tuve que rodar solo hasta Santoña. Me pareció que Santoña estaba lejísimos de todo. Mi hermano entró prácticamente con los de cabeza y yo... Bueno, digamos que yo entré cuando todavía había gente en la meta y no como el año pasado que llegué cuando estaban deshinchando la meta hinchable.
Mi cara era un poema en la llegada. Dolor de piernas, mareo, cansancio. Fredo y Tamara habían venido a vernos llegar. Por poco no me ven llegar...

Fotografía de un hombre acabado.
Muy bien por mi hermano, que volvía a coger la bicicleta tras más de diez años de parón y va y llega alante. Quien tuvo retuvo...

Lo que es reír por no llorar.
Si dije tras la Marcha Cicloturista de Medina de Pomar que ganar era importante, tras esta abochornante actuación digo que lo importante es terminar vivo... Si el año que viene vuelvo a la Ruta de la Anchoa, para cronometrar lo que tarde en completar la prueba no llevaré un cronómetro, llevaré un calendario...